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| El tránsito nuestro de cada día... |
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Todos nos quejamos por lo complicado que está el tránsito. Por otra parte, no hace falta ser un entendido en la materia para darse cuenta del total descontrol que impera en las calles de las ciudades. Esto es lo sabido y conocido, lo importante es preguntarnos, tratando de respondernos con absoluta honestidad: ¿Qué hacemos nosotros para que mejore la circulación vehicular? ¿Tratamos de cumplir las leyes de tránsito o nos unimos al desorden generalizado? Por ahí pasa la solución, por reconocer y admitir uno mismo los errores que comete al conducir y tratar de mejorar en ese aspecto. Es complicado y probablemente lleve más tiempo del que suponemos, pero es una manera de asegurarnos de que salir a la calle no sea como zambullirse en un mar infestado de tiburones.
Es necesario que cada uno de nosotros comencemos a darnos cuenta de las barbaridades de las que somos protagonistas en el manejo de automóviles, tal vez sin proponernos, por no prestarle la debida atención a las reglas esenciales de respeto, tolerancia y sentido común. Antes de echarle la culpa a los demás repasemos nuestro accionar y, con total toma de conciencia, saquemos conclusiones válidas sobre lo bueno y lo malo de él. Es importantísimo, en esta época donde la velocidad parece dar prioridad de paso, atender a las señales, conocer las leyes y reglas y, por sobre todas las cosas, pensar muchísimo antes de cometer una infracción. Todo esto puede mejorar la forma de movilizarnos y permitirá que, al no ocurrir tantos accidentes, la vida sea más valorada.
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